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Me llamo Laura y tengo 41 años; hace alrededor de ocho que reconocí mi adicción a vínculos adictivos con hombres ausentes emocionalmente y comencé a trabajar en ella en los grupos y la terapia individual. En todos estos años, tuve muchísimas relaciones adictivas y una más sana, que construí en el marco de esta recuperación. Las diferencias entre ambas experiencias son claras hoy para mí y podría resumirlas así: mientras un tipo de relación me desconecta profundamente de mí, me genera más sufrimiento que placer y me lleva a la autodestrucción, el otro nutre mi vida y la expande.
Empecé a darme cuenta que en el inicio de la relación están las claves sobre su saludo o su enfermedad. Por ejemplo, cuando conozco a un hombre que después se revelará como no disponible emocionalmente, siento una atracción inicial potente ("me puede") y se me dispara una fantasía sexual y romántica que irá "tomando" mi vida desconectándola de intereses importantes. El hombre al que me adicto es muy intenso, inmaduro e inconsistente. Parece que nutre, y esto me confunde.
En contrapartida, el hombre con quien desarrollé una pareja más sana es más consistente, maduro y capaz de satisfacer necesidades importantes para mí, aunque no necesariamente lo beneficien directamente a él. Me registra, se toma tiempo para conocerme, siento que le interesa mi esencia, más allá de mi edad, mi imagen o mi éxito social. Nutre, pero también me aburre, y esto me confunde.
En el primer caso, desarrollo racionalizaciones para seguir "consumiéndolo" (por ejemplo: "estoy aprendiendo"), en el segundo, lucho contra mi parte adicta que se siente deprimida y muerta y necesita adrenalina para excitarse y "revivir". Un vínculo me da poco; el otro es generoso. Claro que en este último caso es a mí, paradójicamente, a quien le cuesta quedarse.
Hombre1:
Ella me dijo que yo era su salvador y yo le creí. Nos habíamos conocido en su peor momento, su primer marido la había abandonado con sus dos hijos varones. Le dediqué toda mi energía, fueron cinco años, nos fuimos a vivir juntos, me converti en el padre de sus hijos, les dí el bienestar económico que nunca habían tenido. Me dejó cuando decidió reconciliarse con su ex-marido , dijo que nunca lo dejó de amar. Empecé a tomar alcohol descontroladamente. Un amigo me sugirió ir a Alcohólicos Anónimos. Allí comprendí no sólo mi alcoholismo, sino mis conductas codependientes. Comencé mi recuperación. Han pasado otros cinco años. Hoy estoy libre del alcohol y he comenzado una nueva relación amorosa en donde tengo claro que ya no quiero salvar a nadie.
Mujer 1:
Me casé con un hombre violento. Después de los dos primeros años de un maravilloso romance, cuando estaba embarazada de mi primer hijo comenzó a golpearme por casi cualquier cosa. Tuve miedo de perder el embarazo. Lo hablé con mi familia, pero me aconsejaron que esperara, que tal vez era un problema del momento. Seguí con él durante quince años mas, esperando que las cosas mejoraran, no quise tener mas hijos. Un día, empujada por mi hijo que tampoco aguantaba mas la violencia, me fui. El se quedó con el padre. Ya pasaron cinco años, pude de a poco curar mis profundas heridas, pero me doy cuenta que necesito encontrarme para poder volver a creer, todavía tengo miedo.
Mujer 2
Mis padres fueron alcoholicos. Mi padre murió por esa enfermedad y mi
madre tiene hoy dia un profundo deterioro debido al alcohol.
Siempre quise ayudarlos de alguna manera, pero me sentía muy frustrada porque
nada parecía servir. Tuve que cuidar de mis hermanos, y alli también sufrí un
desencanto porque mi hermano menor se convirtió en alcoholico desde la
adolescencia. Decidí estudiar enfermería para poder ayudar a los demás. Poco a poco la profesión fue tomando mi tiempo y mi vida de tal modo que no salía con
nadie, no tenía momentos de diversión, ni llegué a formar una pareja. A los
cuarenta años sentí enloquecer. Me sentía profundamente sola y empobrecida a pesar de lo mucho que me gustaba mi trabajo. Una prima había comenzado a ir a
los grupos de ALANON porque su padre (hermano del mío) era alcohólico. Allí
comenzó mi recuperación. Por primera vez, tuve un lugar para pensar en mí como
lo mas importante de mi vida. Alli aprendí a cuidarme, a tomar responsa bilidad sobre mi vida y a permitir que los otros se hicieran responsables por las suyas. Aún tengo mucho trabajo para hacer, pero sé que hay otra forma de vivir y de amar.
Mujer 3
Siempre pensé que no tenía suerte con los hombres. Mis parejas empezaban en
con un romance apasionado y terminaban al poco tiempo en un desastre entre
gritos, mentiras, y locura. Siempre creía que me había equivocado al elegir la persona, que el próximo sería el hombre de mi vida, pero tampoco era. Tuve varias depresiones, y hasta un intento de suicidio.
Empecé una terapia con un psicólogo especialista en vínculos adictivos. Al mismo tiempo
entré a un grupo de Mujeres que aman demasiado. Mi manera de ver las cosas
empezó a cambiar, me di cuenta de que la clase de hombres con los que me relacionaba no podían ofrecerme otro final diferente. Yo por mi parte tenía una autoestima tan baja que esperaba que cada
uno de esos hombres me hiciera sentir bien, me hiciera feliz. Hoy, estoy trabajando conmigo, y espero ver los resultados de este nuevo camino.
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